Tenía unos 10 años cuando mi papá me "castigó"
Llevándome al taller por una semana. Y sin saberlo, ese castigo me marcó para toda la vida.
Hoy quiero contarte cómo fue ese primer encuentro con el taller, lo que vi, lo que sentí… y cómo, años después, un cliente me ayudó a reconectar con mi propósito.
Esta no es solo la historia de Kenia Store. Es la historia de cómo cada chamarra que hacemos lleva un pedazo de alma.
Vamos por partes.
Ese primer día de taller me cambió la vida.
Había música, risas, bromas entre los trabajadores. Todos concentrados en su chamba pero disfrutándola. Yo tenía una tarea sencilla: cortar círculos de piel y forrar broches. Y aunque iba “castigado”, para mí fue una aventura.
Lo que más me marcó no fue el trabajo, fue el ambiente. Sentí la pasión en el aire. Y aunque no lo sabía en ese momento… ese día se sembró la semilla de todo esto.
Tomar las riendas del negocio fue más fácil de lo que pensé... al principio.
Cuando me tocó tomar el control de Kenia Store, no lo pensé tanto. Solo seguí mi instinto.
Claro, he cometido errores. Pero ser fiel a mis ideas, incluso cuando no salieron como quería, me ha traído más aciertos que fracasos.
El respeto del equipo no llegó de la noche a la mañana. Llegó cuando los clientes comenzaron a notar la diferencia. Cuando las ventas hablaron por sí solas. Y hasta la competencia lo reconocía.
Si pudiera regresar a ese primer año, me diría: “Confía. Vas bien.”
Una chamarra cambió su vida. Y la conversación cambió la mía.
El año pasado conocí a un cliente que, sin saberlo, me devolvió la pasión por lo que hago.
Estaba en la tienda por casualidad, y él quería una chamarra muy específica. Me emocioné al ayudarlo a diseñarla. Me contó que había tenido un accidente grave, que técnicamente murió por unos segundos… y que desde entonces vivía cada momento con más intención.
Me dijo: “Todo pasa por algo. No sé por qué estoy aquí hoy contigo, pero estoy seguro de que tenía que pasar.”
Ese día, algo dentro de mí se encendió otra vez. Sentí que estaba exactamente donde tenía que estar. Desde entonces, cada diseño, cada prenda, tiene todavía más corazón.
Una chamarra de Kenia Store no es solo ropa. Es un legado.
El tipo de piel
El patrón de corte
El hilo
El acabado
Aunque producimos en serie, soy obsesivo con los detalles. Cada chamarra está pensada para durar años y envejecer con dignidad.
Una vez llevé a unos modelos al taller antes de una sesión de fotos. Cada vez que se ponían una prenda, decían: “¡Esta está increíble!” con una emoción tan genuina que me llenó de orgullo.
Mi chamarra favorita tiene 9 años... y más historias que yo.
Hice ese diseño en 2016 y decidí quedarme una para mí. Me ha acompañado en conciertos, viajes, citas… Ayer la usé, y está intacta. Esas chamarras son testigos silenciosos de tu vida.
Un cliente vino una vez con su chamarra toda dañada. Había tenido un accidente en moto. No quería perderla. Ya no la fabricábamos, pero le di una sorpresa: saqué los patrones, la reparamos por completo y quedó como nueva. Se le salieron las lágrimas.
Eso es lo que buscamos: que una chamarra de Kenia Store te acompañe tanto tiempo, que sea parte de ti.
León no solo huele a piel. Huele a recuerdos.
De niño me chocaba el olor de las tenerías. Hoy, aunque me sigue costando, ese olor también me conecta con mis raíces.
León ha cambiado mucho, pero el espíritu del cuero y el calzado sigue fuerte. Y mientras Kenia Store crece, quiero que ese espíritu viva dentro de nuestro taller.
No importa cuántos seamos en el equipo. Siempre quiero que se sienta como ese primer taller al que me llevó mi papá.
Esto apenas comienza.
Este último año ha sido de reconexión. De volver a enamorarme de lo que hago. De entender que cada chamarra cuenta una historia.
Gracias por ser parte de esta aventura.
Y si algún día heredas una chamarra nuestra, o regalas una a alguien que amas, solo recuerda esto:
No es solo piel. Es historia.
¿Te gustó esta historia?
Respóndeme abajo en los comentarios, me encantaría saber qué significa para ti tu chamarra favorita.
Un abrazo,
Pepe
Fundador de Kenia Store

Que bonita historia